viernes, 2 de enero de 2026

61ª San Silvestre Vallecas 2025

Y va la última del año, la Vallecana nos espera y de paso pasamos las fiestas con los abuelos (aunque en verdad es al revés). Días previos con el paseo habitual por el centro atestado de personas, Metropolitano y relajación relativa. Llega el día, por la mañana nos desplazamos a Vicálvaro para que Diana corra la san silvestre de allí, que gana con sufrimiento y solvencia a partes iguales, por fin alguien trae un jamón a casa. Después toca comer, los primeros corredores de la popular se van de la casa para llegar a tiempo a su salida y yo me quedo por primer año en solitario esperando por la internacional.

Últimos preparativos antes de salir de casa en dirección al metro, el itinerario es fácil y ha ido todo sin contratiempos, por lo que llego a la zona del evento con bastante antelación. Mientras acaban las oleadas me voy aproximando porque tengo que hacer tiempo y pululando por alrededores me topo con Fernando Carro, al cual saludo y me alegra que incluso se acuerde de mí, que tío más grande.

Aunque queda bastante tiempo para arrancar, me cambio porque no quiero las colas para dejar la ropa en el ropero, por lo que me toca ponerme de corto, bolsa de basura (si me viese el Alberto de hace 20 años…) y a trotar para que pase el tiempo, con un frio de mil pares. Mucho calentamiento después y ya por aburrimiento me voy acercando a la salida, que gracias a la posibilidad de acreditar tiempo puedo estar en la zona delantera.

Troto un poco con la élite y me voy colocando debajo del arco, estoy más retrasado que en ocasiones anteriores, pero es donde me he podido poner y como sardinas en lata esperamos al pistoletazo.

Arranco con prudencia, algún que otro empujoncito que otro, que entre la subida y la aglomeración de gente hace este inicio un poco diferente. Primera curva y se va alargando el pelotón para que cada uno nos pongamos en nuestro lugar. Tengo malas sensaciones, es como si no me llegase el aire a los pulmones y corro bastante incomodo en este comienzo. Rebasamos el primero de los repechos, la velocidad desciende y comienzo a estabilizarme un poco.


Las bajadas para mis cortas piernas no es que me beneficien mucho y tengo que apretar bastante cuando son muy pronunciadas por lo que prefiero las zonas relativamente llanas, pero el recorrido es lo que es. Antes de llegar al ecuador de la prueba me pego a uno con la camiseta albiceleste que al llevar un puntito más que yo me ayuda a esforzarme, pero controlado.

La animación durante el recorrido es espectacular como siempre, lástima que no se pueda apreciar cuando vas con el gancho desde el primer metro, pero nos gusta la competición más que a un tonto una tiza. Sexto kilómetro, va quedando menos de la continua bajada, por lo que toca mentalizarse y regular un poco el ritmo para no desfallecer en la peor parte del circuito.

Antes de eso, voy cogiendo de vez en cuando a la gente que ha ido quedándose rezagada y me anima moralmente a pesar de ir con las piernas algo tocadas. Pasamos el puente, me preparo para lo peor, que pensaba que iba a llegar antes, pero que me da un poco de margen todavía. Giro de derechas y empieza el baile, reduzco la zancada y agacho la cabeza. De momento me encuentro “bien”, al contrario que en años pasados, en vez de ser rebasado constantemente voy acercándome a los de delante y pasando a alguno.


Kilometro duro de narices el que va del 8 al 9, las piernas me empiezan a doler bastante y los cuádriceps me dan un toque de atención. Se que hay un pequeño descanso más adelante e intento llegar como sea sin que me entre el bajón. Llego reventado a la parte de arriba y me cuesta recuperar el aliento, el arco del último kilómetro a la vista y más adelante el ver a Pablo “el del megáfono” me da ese pequeño extra de motivación para afrontar la cuesta hacia la entrada del estadio. Los aplausos espectaculares, pero los pies los tengo de plomo y me cuesta avanzar, por suerte todos los de delante parecen que van igual o peor y puedo adelantar una o dos posiciones.

Se ven las luces del estadio y medio muerto giro de izquierdas y entramos al campo, como siempre, tremenda la sensación, indescriptible. No me quedan fuerzas, pero es que entrar de esa manera al campo de futbol te da algo que no se puede explicar. Las curvas por la alfombra hay que tomarlas con precaución así que regulo la velocidad en la primera. Se nota que el empuje no es efectivo, en los pasos por curva paso bastante bien y cuando llego a la recta de meta alzo la vista.

En el crono veo 31 minutos largos y me toca pegar un pequeño sprint para no llegar a la barrera de los 32, que no es que me importe mucho el tiempo, pero todo lo que sea arañar algún segundo pues para la saca.


Entro en 102ª posición con un tiempo de 31:59, tengo que pasar entre varios corredores para encontrar un hueco en la alfombra para poder tirarme, porque no puedo con mi alma. Un buen rato después me levanto, con la mirada intento buscar a los familiares, les veo donde suelen estar y hago una panorámica de las gradas, buahhh es espectacular. Como este año no tengo que esperar a Diana, me voy poco a poco hacia el guardarropa que este año ha cambiado de ubicación. De camino y antes de salir me giro para guardar en mi memoria la imagen del estadio y con comienzos de calambre en los cuádriceps me dirijo a por la mochila.

Muy a gusto por la carrera realizada, como digo, el tiempo bien, pero para mí lo importante es que he podido disfrutar del recorrido y si los dos últimos años no lo pase muy bien en los kilómetros finales, en esta ocasión he tenido la fuerzas para no quedarme en las rampas del barrio.

Después bordear todo el estadio para reunirme con la crew, volvemos bajo tierra hacia casa y ya en ella nos vamos preparando para comenzar un año nuevo que espero que por lo menos, como le he escuchado a una amiga “no quiero que el 2026 me traiga nada, lo único que quiero es que no se lleve nada de lo que tengo”.