martes, 7 de julio de 2026

V Triatlon de Legutio 2026 Legutioko Triatloia

Sin ser habitual en mí, se juntan dos fines de semana de competición. No se puede perder la oportunidad de la cercanía del evento y, además, de que sea en distancia olímpica. Eso sí, es prácticamente lo único bueno, porque el evento en sí es duro de narices. Pero habrá que lucharlo.

Salgo de trabajar, voy directo a casa para preparar las cosas y, después de recoger a parte de la familia (la otra ya está por allí haciendo el swimrun del pequeño), me dirijo con tiempo y calma hacia Legutio. Aparco sin problemas y cojo los bártulos para ir dejando las cosas por los diferentes sitios, porque la logística de este triatlón es un poco especial.

Antes de nada voy a buscar a Aihotz para preguntarle por la experiencia de la mañana. No las tenía todas conmigo de que acabase, pero al final terminó venciendo sus miedos.

Foto Vibike Outdoor Eskola

Lo primero es dejar la bici en boxes y saludar a nuevos miembros del equipo, al menos para mí. Después, acompañado por Teje, uno de los buenos en esto, nos dirigimos a dejar las zapatillas que tendremos que coger al salir del agua para llegar hasta boxes.

Foto Sestao Triatloi Taldea

La siguiente parada ya es el pantano, desde donde vamos a salir. Quedan treinta minutos y me sorprende no ver mucho ambiente, aunque poco a poco la gente va llegando. Gano a la pereza y comienzo a prepararme para entrar al agua. De nuevo tocará nadar sin neopreno. Ya no sé si es bueno o malo, pero mira, una cosa menos que me tengo que quitar.

El agua está más fresquita que la semana pasada y en diez minutos salimos, así que toca despejar la zona. Esperamos bajo el arco hasta que nos dejan entrar en el agua, porque la salida será desde dentro. Nos acercamos a la "línea" virtual de salida. Me estoy quedando frío con la espera, así que espero que den la salida cuanto antes.

Foto Rakel

Bocinazo y empieza la pelea. No entiendo cómo una salida con 200 personas puede tener muchísimos más problemas que una de 700 como la de la semana pasada.

Empiezo nadando "rápido", pero poco a poco me van llevando hacia la parte izquierda. Me agarran, me golpean, tengo que pararme y redirigirme por detrás de los pies de la gente, que no se está dando cuenta de que vamos directos a un árbol. Paso pegado a él y, con mucha agonía, intento alejarme de los golpes, pero es increíble cómo me agarran y no puedo avanzar.

La llegada a la primera boya, más de lo mismo: empujones sin sentido. En cuanto la rebaso me voy hacia la izquierda y empiezo a nadar medianamente bien. No llevamos ni 500 metros y ya estoy sin aliento. Por suerte me quedo "solo", viendo un grupo por delante, aunque lejos, y me dispongo a hacer mi natación particular.

Llegando a la mitad del recorrido empieza a soplar el viento de cara y el ritmo se ralentiza. Muy a mi derecha veo un grupo; yo sigo a los lejanos compañeros que llevo por delante y creo que voy bastante recto.

Voy viendo el arco de salida. Todavía queda bastante, pero avanzo sin agobios hasta llegar a la zona donde ya puedo ponerme de pie. Intento andar para llegar a la hierba, pero le tengo mucho respeto a las piedras que hay y libro de milagro un pedrusco enorme (creo que fue el que lesionó al compañero de equipo Rubén) para, por fin, pisar tierra firme.

Me levanto las gafas y llego a la zona donde están las zapatillas. Entre lo turbado que sales del agua y el error de haber dejado unas zapatillas demasiado comunes, tengo que mirar una, dos y hasta tres veces para encontrarlas y afrontar los 600 metros de subida hasta boxes.

Foto Rakel

Veo un par de personas delante, pero la cuesta te quita la poca energía que te queda. Rebaso a uno y entro con el otro en boxes, mientras recupero el aliento. Transición sin neopreno, así que bastante rápida, pero de nuevo se me olvida ponerme el dorsal. Tengo que dejar la bici, colocármelo y salir otra vez.

El no tener que perseguir a ningún grupo hace que me tome el inicio del sector con calma y encaramos la sorpresa de este año: una nueva cuesta nada más salir.

Foto Rakel

Por lo menos no me molesta el glúteo, como me pasó el primer año, y espero que no se me salga la cadena, como sucedió el segundo.

A mitad de la mini subida me rebasan dos del Dida. Soy incapaz de seguirles. Llego a la bajada y continúo en solitario, así que "descansaré" hasta esperar a ser alcanzado para no inmolarme a las primeras de cambio.

Una vez enganchado a un pequeño grupo de seis o siete vamos todos juntos hasta el comienzo de la subida a Oleta, donde cada uno hace la guerra por su cuenta.

Bajo al plato pequeño, subo piñones y pongo mi ritmo de crucero. Son dos kilómetros duros para la gente y muy duros para mí. Alguno se va por delante, pero por suerte los demás estamos más o menos al mismo nivel y, después de sudar lo mío, en la cima nos reagrupamos para seguir con los toboganes.

Las bajadas me las tomo con precaución. El asfalto ha mejorado bastante desde la última vez que corrí esta carrera y se agradece para evitar disgustos.

Foto Rakel

La primera vuelta va más o menos en mi línea, manteniendo el grupo y bajando con cuidado la recién estrenada variante. Al poco de empezar la segunda vuelta llega Unzu con un buen grupo de gente. Viendo el panorama decido reservar fuerzas para la subida, pero el caballero del Peñota viene con ganas de fiesta y azuza al grupo de tal manera que me obliga a entrar al relevo mientras me río de la situación.

Poco dura la alegría y llegamos otra vez a la fatídica subida. Esta vez sí que más gente que antes se lanza hacia arriba endiablada y voy viendo con envidia cómo se alejan.

El calor empieza a hacer mella, la bici pesa muchísimo más que antes y a duras penas consigo llegar arriba. De nuevo doy gracias por no quedarme solo y, con los pocos que seguimos juntos, conseguimos dar caza más adelante a algunos que nos habían sacado diferencia en la subida.

Con ganas de empezar la fiesta del último sector me pongo en las primeras posiciones en la bajada vertiginosa que nos lleva al pueblo para evitar problemas. Me voy sacando los pies de las zapatillas y, antes de rebasar la línea, me bajo para entrar en boxes.

Foto Rakel

Dejo la bici, vuelvo a ponerme los calcetines y, después de tirar el casco a la caja, empiezo con alegría la carrera a pie.

Los primeros metros son para comprobar cómo me encuentro. No me duele nada, pero la ligera cuesta del primer kilómetro me embala tanto que tengo que echar un poco el freno cuando veo el ritmo.

Bajada larga y difícil para llanear un poco antes de la primera cuesta. He adelantado a algún corredor y veo objetivos por delante, pero la subida me pone en mi sitio reduciendo muchísimo el ritmo.

Llegamos a la zona de tierra. La bajada obliga a extremar las precauciones para no llevarme ningún susto. Nos cruzamos con los de delante, pero yo solo me centro en intentar ir rápido, aunque con cabeza.

Giro de 180 grados y enseguida llega la cuestarraca del infierno. Intento coger aire para lo que me espera y allá vamos. No sé el desnivel que tendrá. La idea es intentar subir corriendo, cosa que consigo, pero con más pena que gloria.

Los siguientes metros son para recuperar el aliento e hidratarme todo lo que puedo con los vasos que me proporcionan.

Foto Rakel

Primera de las tres vueltas. El único punto donde se puede correr un poco es ahora y mantengo la velocidad entre los ánimos de la gente del Garraitz, que, dicho sea de paso, menudo equipazo de jóvenes está haciendo.

Segundo ascenso a la cuesta. Esta vez el ancla parece engancharse un poco más y apuro todo lo que puedo la curva de arriba para llegar al descenso.

Momento para recuperar un aliento que cada vez cuesta más encontrar antes de afrontar de nuevo el muro. Ya empiezo a ver gente andando por aquí y, por suerte, piano piano y con los ánimos de Salazar hago cima antes de desvanecerme. Solo queda una más.

Foto Rakel

Entre avituallamientos y con el calor que hace se pasa bastante mal en la zona de tierra, así que me mojo todo lo que puedo e incluso aprovecho la ayuda de Diana en esta última vuelta.

Ya no me centro en ningún objetivo porque no sé quién es de mi vuelta y, psicológicamente, esta tercera se empieza a hacer muy dura.

La primera de las cuestas la afronto ya muy despacio y la segunda ha pasado de ser un muro a convertirse en una pared vertical.

Foto Jon Nanclares

Me alegra llegar arriba, donde está César animando con algo de energía, pero en las siguientes curvas, a pesar de tener bien las piernas, la caja se resiente muchísimo.

Solo queda una pequeña subida para encarar cuesta abajo la recta de meta. El cambio de recorrido, lo bueno que ha tenido, es que ahora se llega en bajada... jajaja.

Piso la alfombra y, con unas ganas tremendas, cruzo la línea de meta.

Foto Rakel
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Entro en 12.ª posición con un tiempo de 2:30:57 y, según traspaso la línea, busco una zona con sombra y me tiro al suelo para enfriar el cuerpo y coger un poco de aire.

Viene Urtzi para preguntarme cómo estoy. Le digo que estoy bien, pero que necesito quedarme un rato así. Agradezco la preocupación; ha sido un día duro para todos.

En cuanto recupero un poco voy al avituallamiento, me meto algunos hielos por el cuerpo y como lo poco que me entra.

Cuando ya estoy algo mejor voy saludando a los compañeros y la expresión de sufrimiento de todos me hace hasta gracia. La verdad es que, al final, sufrir de esta manera tiene su recompensa. Somos un poco masocas, para qué negarlo.

Recojo la bolsa para ir a la ducha antes de que se llene todo. Después voy buscando a los diferentes componentes de la aventura y esperamos la entrega de trofeos aprovechando el buen avituallamiento, una vez recogidas las cosas de boxes.

Entre las categorías tengo la suerte de haber quedado primero de V1 y me alegro mucho del detalle que ha realizado @h_ache para el evento. La verdad es que son unos "trofeos" que marcan mucho más que una medalla.

Foto Rakel

Ha sido un día duro. Este triatlón tiene todos los alicientes para que un tipo como yo no lo haga; es más, tiene todas las trampas posibles para que no me guste nada. Pero la verdad es que el mimo hacia el competidor y la gestión de los organizadores son tremendos. Tiene sus cosillas, como cualquiera, pero quizá sea por eso, o porque me gusta ponerme al límite, por lo que este triatlón sigue siendo uno de esos a los que siempre apetece volver.

jueves, 2 de julio de 2026

39 Triatlon de Donostia memorial Onditz 2026

Tocaba volver de nuevo a uno de los triatlones donde en 2012 me pegué la mayor leche de mi vida en la bici, Onditz nos esperaba, un triatlón olímpico es un triatlón olímpico, los que más me gustan y teníamos planeado un finde donostiarra al uso. Llevar al pequeño si queremos competir los dos es una locura, gracias a la yaya podemos irnos tranquilos y mientras el disfruta de las fiestas del barrio, nosotros arrancamos el viernes hacia San Sebastián.

El sábado día tranquilo para ir a recoger los dorsales y disfrutar de la zona, a pesar del calor y por la noche, después de dejar la mayoría de las cosas preparadas, pronto a la cama para madrugar al día siguiente. Jornada vespertina donde nos acercamos todo lo que podemos y después de ultimar los detalles que nos quedaban de ayer, con la mochila a la espalda vamos con las bicis hasta la zona de boxes.

Nada más llegar nos ponemos a la cola que ya empieza a formarse y empiezo a dejar las cosas tomando como siempre una referencia, la fila de boxes es larga y por suerte me ha tocado muy cerca del final o del principio según se mire. Saludos a los compañeros de equipo y espero a Diana para ir a la siguiente estación. Hay dudas de si se va a nadar con neopreno o no, unos lo afirman por “peligro” de medusas a pesar de que por temperatura no deberían dejar y yo solo quería saberlo para dejar el neopreno en la bolsa. Soy mal nadador me siento “mejor” nadando con él, pero tampoco es un drama. Finalmente escucho que no y con todo metido en el guardarropa me dirijo a la playa a pesar de quedar todavía bastante tiempo para mi salida.

Foto Andoitz

Me aproximo al agua, la verdad que está muy buena, y doy los primeros largos un poco antes de que salgan las féminas. Tampoco es que caliente mucho, pero la verdad que se está a gusto en el agua y apuro hasta que quedan 15 minutos para salir. Ya en tierra y viendo que la gente se está poniendo en la salida, me acerco yo también. Con los golpes que se reciben en los triatlones, en este, con tanta gente siempre me temo lo peor, pero spoiler, las tres veces que he nadado aquí es de las nataciones más tranquilas.

Es cierto que la salida es muy muy ancha y eso ayuda, así que me coloco a la derecha y en la parte final, que en este caso es una tercera fila únicamente. Esperando el bocinado van pasando los minutos y sin mucho más que contar nos lanzamos hacia el agua. Hay que meterse bastante dentro para empezar a nadar, pero en cuanto puedo me pongo a dar brazadas. Como siempre me aparto de los posibles problemas que pueda tener e intento buscar alguna burbuja que otra.

Increíblemente no me duelen las piernas en estos primeros momentos como otras veces y pasan los metros. Se va acercando la boya y la gente también nos empezamos a agrupar, por suerte no hay mucho problema a la hora de pasarla y seguimos la marcha. Empiezo a notar roce en el cuello y con el neopreno lo “entiendo” pero con el tritraje nunca me había pasado. A pesar de eso continuo la marcha con la mini molestia en cada brazada pero aguantando, no sé si estoy nadando rápido o despacio, pero la verdad que está siendo una natación bastante “cómoda”. Por lo que llevamos y lo que puedo ver, creo que la natación va a salir más corta de lo normal y cuando rebasamos la última de las boyas casi casi lo puedo confirmar.

Foto Triatlon Onditz

Se empiezan a escuchar los ánimos de la gente, a pesar de ver el arco de salida más a la derecha, yo sigo a mis predecesores y nos ponemos de pie mucho antes de lo esperado. Ahora toca trotar por la tierra para llegar a las escaleras de subida, más lejanas de lo esperado. Con cuidado por las escaleras y por las piedras de la cuesta, me orillo para que las duchas me quiten algo la arena, pero tampoco hizo mucho. Voy con las gafas y el gorro ya en la mano y en cuanto encuentro mi caja las dejo. No llevar neopreno me facilita mucho las cosas en esta ocasión, cojo dorsal, pongo casco y a por la segunda batalla.

Larga recta con la bici en mano, paso la línea, salto y espero que no me empiece a doler nada esta vez. Se empieza muy fuerte y casi no tengo tiempo de ponerme bien las zapatillas, pero consigo no perder el tren que tanta falta me va a hacer. Tengo que intentar mantenerme lo más que pueda con el grupo y luego ver que sucede en las subidas. Pronto llega el ascenso a Añorga y toca meter plato (pero el pequeño, jeje). Me pongo a mi ritmo, veo que alguno se está alejando, pero la mayoría del grupo seguimos o por lo menos yo no me estoy descolgando. La subidita es tendida y apretando un poco los dientes al final puedo llegar arriba sin perder comba.

Ha empezado a caer txirimiri y me bajo las gafas que se me están empañando para poder continuar. Seguimos a buen ritmo, vamos en fila india la mayoría del tiempo y hay que tener cuidado, porque en todo el trayecto la carretera tampoco es muy ancha. Veo pasar los kilómetros, esperaba alguna subida antes de llegar a la de Igueldo, pero sin darme cuenta y ya cuando estoy metido en faena, me doy cuenta que estamos en ella.

Me van viniendo a la memoria imágenes de otras ediciones y gracias a las indicaciones de un compañero el ascenso se hace más ameno. La subida no es tremenda, pero para mis características, suficiente para cansarme. Última curva cerrada y comienza un pequeño descanso para seguir subiendo un poco y por fin “coronar”.

Foto NicoGRamos

A partir de aquí me lo tomo con mucha precaución, si ya hace años me estampe a pocos kilómetros de meta, este año han debido cambiar parte de la bajada y nos han avisado de la peligrosidad de ella. Giramos a la derecha, el asfalto se empieza a poner peor y la estrechez aumenta, voy con las manos en los frenos constantemente y vamos muy pero que muy despacio. En una de las curvas el corredor que llevo delante, me dice que con cuidado y le digo que tranquilo que no pienso rebasarle, mi intención es llegar a correr.

Después del tramo “malo” en el que hay mucho voluntario indicándolo, todavía queda bajada y parece que el peligro a acabado, pero para nada, aún hay que estar atento y mantener las precauciones. Por fin parece que retomamos la carretera que nos llevara hacia la playa y comienzan a revolver el avispero varios corredores con intención de escaparse. Yo también entro en el juego y me lanzo por detrás, para llegar más o menos todos juntos a la transición.

Me bajo de la bici, llegamos sanos y salvos y me espera mi sector, cuelgo la bici, me coloco los calcetines y tiro el caso para la caja. Salgo alegre por la larga recta de boxes hasta tocar el carril bici por el que trascurrirá toda la carrera. Me vengo arriba estos primeros metros, es cuando mejor se puede correr y me encuentro con fuerzas. Primer kilómetro, el reloj me marca una velocidad alta, pero que narices, me encuentro bien y quiero aprovechar, además tengo claro que correr a nivel de mar es una maravilla. Me pasa un corredor y me dice que me pegue a él, veo su nombre en la espalda, Cesc Godoy, creo que voy a declinar la invitación jajaja.

Foto Triatlon Onditz

Un poco más adelante rebaso a Diana, me ha costado pillarla, por lo que imagino que no le estará yendo nada mal. Primer paso escuchando la música de Cesar y Karmele que me recarga de energía y continuo con la caza de los que pueda. En la cuesta hacia el túnel reduzco un poco el ritmo para poder coger aire y afrontar la bajada hacia esta primera vuelta. El ambiente es espectacular, la llovizna parece que ha remitido y con el giro en meta volvemos a la carga. A pesar de ir bien, en esta segunda vuelta me tengo que contener, porque a este ritmo lo puedo pasar mal al final.

El tráfico por el carril bici comienza a ser cada vez mayor y cuesta adelantar, pero de momento por un lado o por otro se puede pasar. Ya he perdido las pocas referencias que tenia de la gente que es de mi vuelta, por lo que ahora solo queda pasar a la mayor cantidad que pueda. En los giros de 180º me entretengo mirando a ver si he reducido un poco la diferencia con algunos corredores, que a pesar de no poder darles caza, me da para entretener la mente y crearme un juego mental para esforzarme mientras me aguanten las fuerzas.

Foto Triatlon Onditz

Encaro la última vuelta ya con muchos problemas para adelantar, siempre he dicho que es un sitio muy estrecho para tantas personas, pero bueno, es lo que hay. Ultimo saludo al “ángel del infierno” y los últimos 1500m son para dejar todo lo que me quede en el cuerpo. Paso el túnel, ya solo queda la bajada hacia la meta, rebaso a Peio, le saludo brevemente y continuo mi andadura hacia el arco, me giro a la izquierda y esta vez sí, encaro el final. Jon pronuncia mi nombre y cruzo la línea de meta con una especial satisfacción por haberlo hecho lo mejor que tenía sin tener ningún percance, que para todo lo que me suele suceder ya es raro.

Entrada en meta en 26ª posición con un tiempo de 2:08:10, no sé si os lo he dicho, pero los triatlones olímpicos son los más jajaja. Me voy a comer algo al avituallamiento mientras espero ver como entra Diana en meta. Entra riendo como siempre y me incorporo para “almorzar” juntos. Me cuenta su experiencia y después de reponer fuerzas vamos a ducharnos y ya que no tenemos prisa esperamos la entrega de premios que se hace de rogar.


Sin esperarlo me llaman para subir al tercer puesto en categoría V1 y es un gran honor compartir momento con unos de los grandes del triatlón español, el compañero que me decía que me pusiera a su espalda en la carrera y que encima ha quedado en cuarta posición.

Foto Triatlon Onditz

Viendo la hora cambiamos un poco los planes y vamos a comer cerca de la playa, de postre un heladito y momento de descanso en el paseo para después coger los bártulos, dirigirnos al vehículo, cargar todo para volver a la capital.