Sin ser habitual en mí, se juntan dos fines de semana de competición. No se puede perder la oportunidad de la cercanía del evento y, además, de que sea en distancia olímpica. Eso sí, es prácticamente lo único bueno, porque el evento en sí es duro de narices. Pero habrá que lucharlo.
Salgo de trabajar, voy directo a casa para preparar las cosas y, después de recoger a parte de la familia (la otra ya está por allí haciendo el swimrun del pequeño), me dirijo con tiempo y calma hacia Legutio. Aparco sin problemas y cojo los bártulos para ir dejando las cosas por los diferentes sitios, porque la logística de este triatlón es un poco especial.
Antes de nada voy a buscar a Aihotz para preguntarle por la experiencia de la mañana. No las tenía todas conmigo de que acabase, pero al final terminó venciendo sus miedos.
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| Foto Vibike Outdoor Eskola |
Lo primero es dejar la bici en boxes y saludar a nuevos miembros del equipo, al menos para mí. Después, acompañado por Teje, uno de los buenos en esto, nos dirigimos a dejar las zapatillas que tendremos que coger al salir del agua para llegar hasta boxes.
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| Foto Sestao Triatloi Taldea |
La siguiente parada ya es el pantano, desde donde vamos a salir. Quedan treinta minutos y me sorprende no ver mucho ambiente, aunque poco a poco la gente va llegando. Gano a la pereza y comienzo a prepararme para entrar al agua. De nuevo tocará nadar sin neopreno. Ya no sé si es bueno o malo, pero mira, una cosa menos que me tengo que quitar.
El agua está más fresquita que la semana pasada y en diez minutos salimos, así que toca despejar la zona. Esperamos bajo el arco hasta que nos dejan entrar en el agua, porque la salida será desde dentro. Nos acercamos a la "línea" virtual de salida. Me estoy quedando frío con la espera, así que espero que den la salida cuanto antes.
| Foto Rakel |
Bocinazo y empieza la pelea. No entiendo cómo una salida con 200 personas puede tener muchísimos más problemas que una de 700 como la de la semana pasada.
Empiezo nadando "rápido", pero poco a poco me van llevando hacia la parte izquierda. Me agarran, me golpean, tengo que pararme y redirigirme por detrás de los pies de la gente, que no se está dando cuenta de que vamos directos a un árbol. Paso pegado a él y, con mucha agonía, intento alejarme de los golpes, pero es increíble cómo me agarran y no puedo avanzar.
La llegada a la primera boya, más de lo mismo: empujones sin sentido. En cuanto la rebaso me voy hacia la izquierda y empiezo a nadar medianamente bien. No llevamos ni 500 metros y ya estoy sin aliento. Por suerte me quedo "solo", viendo un grupo por delante, aunque lejos, y me dispongo a hacer mi natación particular.
Llegando a la mitad del recorrido empieza a soplar el viento de cara y el ritmo se ralentiza. Muy a mi derecha veo un grupo; yo sigo a los lejanos compañeros que llevo por delante y creo que voy bastante recto.
Voy viendo el arco de salida. Todavía queda bastante, pero avanzo sin agobios hasta llegar a la zona donde ya puedo ponerme de pie. Intento andar para llegar a la hierba, pero le tengo mucho respeto a las piedras que hay y libro de milagro un pedrusco enorme (creo que fue el que lesionó al compañero de equipo Rubén) para, por fin, pisar tierra firme.
Me levanto las gafas y llego a la zona donde están las zapatillas. Entre lo turbado que sales del agua y el error de haber dejado unas zapatillas demasiado comunes, tengo que mirar una, dos y hasta tres veces para encontrarlas y afrontar los 600 metros de subida hasta boxes.
| Foto Rakel |
Veo un par de personas delante, pero la cuesta te quita la poca energía que te queda. Rebaso a uno y entro con el otro en boxes, mientras recupero el aliento. Transición sin neopreno, así que bastante rápida, pero de nuevo se me olvida ponerme el dorsal. Tengo que dejar la bici, colocármelo y salir otra vez.
El no tener que perseguir a ningún grupo hace que me tome el inicio del sector con calma y encaramos la sorpresa de este año: una nueva cuesta nada más salir.
| Foto Rakel |
Por lo menos no me molesta el glúteo, como me pasó el primer año, y espero que no se me salga la cadena, como sucedió el segundo.
A mitad de la mini subida me rebasan dos del Dida. Soy incapaz de seguirles. Llego a la bajada y continúo en solitario, así que "descansaré" hasta esperar a ser alcanzado para no inmolarme a las primeras de cambio.
Una vez enganchado a un pequeño grupo de seis o siete vamos todos juntos hasta el comienzo de la subida a Oleta, donde cada uno hace la guerra por su cuenta.
Bajo al plato pequeño, subo piñones y pongo mi ritmo de crucero. Son dos kilómetros duros para la gente y muy duros para mí. Alguno se va por delante, pero por suerte los demás estamos más o menos al mismo nivel y, después de sudar lo mío, en la cima nos reagrupamos para seguir con los toboganes.
Las bajadas me las tomo con precaución. El asfalto ha mejorado bastante desde la última vez que corrí esta carrera y se agradece para evitar disgustos.
| Foto Rakel |
La primera vuelta va más o menos en mi línea, manteniendo el grupo y bajando con cuidado la recién estrenada variante. Al poco de empezar la segunda vuelta llega Unzu con un buen grupo de gente. Viendo el panorama decido reservar fuerzas para la subida, pero el caballero del Peñota viene con ganas de fiesta y azuza al grupo de tal manera que me obliga a entrar al relevo mientras me río de la situación.
Poco dura la alegría y llegamos otra vez a la fatídica subida. Esta vez sí que más gente que antes se lanza hacia arriba endiablada y voy viendo con envidia cómo se alejan.
El calor empieza a hacer mella, la bici pesa muchísimo más que antes y a duras penas consigo llegar arriba. De nuevo doy gracias por no quedarme solo y, con los pocos que seguimos juntos, conseguimos dar caza más adelante a algunos que nos habían sacado diferencia en la subida.
Con ganas de empezar la fiesta del último sector me pongo en las primeras posiciones en la bajada vertiginosa que nos lleva al pueblo para evitar problemas. Me voy sacando los pies de las zapatillas y, antes de rebasar la línea, me bajo para entrar en boxes.
| Foto Rakel |
Dejo la bici, vuelvo a ponerme los calcetines y, después de tirar el casco a la caja, empiezo con alegría la carrera a pie.
Los primeros metros son para comprobar cómo me encuentro. No me duele nada, pero la ligera cuesta del primer kilómetro me embala tanto que tengo que echar un poco el freno cuando veo el ritmo.
Bajada larga y difícil para llanear un poco antes de la primera cuesta. He adelantado a algún corredor y veo objetivos por delante, pero la subida me pone en mi sitio reduciendo muchísimo el ritmo.
Llegamos a la zona de tierra. La bajada obliga a extremar las precauciones para no llevarme ningún susto. Nos cruzamos con los de delante, pero yo solo me centro en intentar ir rápido, aunque con cabeza.
Giro de 180 grados y enseguida llega la cuestarraca del infierno. Intento coger aire para lo que me espera y allá vamos. No sé el desnivel que tendrá. La idea es intentar subir corriendo, cosa que consigo, pero con más pena que gloria.
Los siguientes metros son para recuperar el aliento e hidratarme todo lo que puedo con los vasos que me proporcionan.
| Foto Rakel |
Primera de las tres vueltas. El único punto donde se puede correr un poco es ahora y mantengo la velocidad entre los ánimos de la gente del Garraitz, que, dicho sea de paso, menudo equipazo de jóvenes está haciendo.
Segundo ascenso a la cuesta. Esta vez el ancla parece engancharse un poco más y apuro todo lo que puedo la curva de arriba para llegar al descenso.
Momento para recuperar un aliento que cada vez cuesta más encontrar antes de afrontar de nuevo el muro. Ya empiezo a ver gente andando por aquí y, por suerte, piano piano y con los ánimos de Salazar hago cima antes de desvanecerme. Solo queda una más.
| Foto Rakel |
Entre avituallamientos y con el calor que hace se pasa bastante mal en la zona de tierra, así que me mojo todo lo que puedo e incluso aprovecho la ayuda de Diana en esta última vuelta.
Ya no me centro en ningún objetivo porque no sé quién es de mi vuelta y, psicológicamente, esta tercera se empieza a hacer muy dura.
La primera de las cuestas la afronto ya muy despacio y la segunda ha pasado de ser un muro a convertirse en una pared vertical.
| Foto Jon Nanclares |
Me alegra llegar arriba, donde está César animando con algo de energía, pero en las siguientes curvas, a pesar de tener bien las piernas, la caja se resiente muchísimo.
Solo queda una pequeña subida para encarar cuesta abajo la recta de meta. El cambio de recorrido, lo bueno que ha tenido, es que ahora se llega en bajada... jajaja.
Piso la alfombra y, con unas ganas tremendas, cruzo la línea de meta.
| Foto Rakel |
Viene Urtzi para preguntarme cómo estoy. Le digo que estoy bien, pero que necesito quedarme un rato así. Agradezco la preocupación; ha sido un día duro para todos.
En cuanto recupero un poco voy al avituallamiento, me meto algunos hielos por el cuerpo y como lo poco que me entra.
Cuando ya estoy algo mejor voy saludando a los compañeros y la expresión de sufrimiento de todos me hace hasta gracia. La verdad es que, al final, sufrir de esta manera tiene su recompensa. Somos un poco masocas, para qué negarlo.
Recojo la bolsa para ir a la ducha antes de que se llene todo. Después voy buscando a los diferentes componentes de la aventura y esperamos la entrega de trofeos aprovechando el buen avituallamiento, una vez recogidas las cosas de boxes.
Entre las categorías tengo la suerte de haber quedado primero de V1 y me alegro mucho del detalle que ha realizado @h_ache para el evento. La verdad es que son unos "trofeos" que marcan mucho más que una medalla.
| Foto Rakel |
Ha sido un día duro. Este triatlón tiene todos los alicientes para que un tipo como yo no lo haga; es más, tiene todas las trampas posibles para que no me guste nada. Pero la verdad es que el mimo hacia el competidor y la gestión de los organizadores son tremendos. Tiene sus cosillas, como cualquiera, pero quizá sea por eso, o porque me gusta ponerme al límite, por lo que este triatlón sigue siendo uno de esos a los que siempre apetece volver.
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